Alicia en el País de las Maravillas es una historia que no envejece, que a los niños hace soñar y a los adultos recordar cómo eran esos tiempos cuando creíamos en princesas, duendes, hadas madrinas y gatos que hablaban. Por supuesto, esa “Alicia” que todos llevamos dentro a veces se nos aparece en una tarde aburrida, una tarde de esas en que pensamos que ya pronto es hora de pagar la luz, la renta, de echarle gasolina al caro (y con lo cara que está!)… y miramos el reloj y pensamos otra vez a dónde diablos se fueron las horas que gastábamos pensando que es lo que íbamos a hacer cuando adultos. Y cuando Alicia y su cuento de hadas se nos aparece en estas tardes de “adultez” charlamos con ella, nos reímos un rato pero la dejamos ir. Ella y todo su cuenterío ya no tienen cabida en nuestra vida. Porque su país de maravillas se hizo cada vez más distante con el paso de los años.
Sin embargo, hay un tipo en Inglaterra que al parecer no ha dejado de conversar con Alicia. Parece que este hombre no sólo mantiene conversaciones permanentes con el personaje sino que frecuentemente visita el “país de las maravillas”. Ese hombre, que muchos consideran loco de remate y otros un genio, es Tim Burton, el creador de algunas locuras cinematográficas como Batman y Edward Manos de Tijeras. En esta ocasión, Burton dirige a sus actores favoritos, el siempre acertado y quizás uno de los mejores actores de nuestra generación, Johnny Depp, y a su esposa, quien parece resulto más loca que el mismo Burton, Helena Bonham Carter. En la película también aparece Anne Hathaway como la Princesa Blanca y otro grupo de actores que prestan magistralmente sus voces a los personajes encantados que viven en el “país de las maravillas”.
Como era de esperarse de cualquier producción con el sello “Burton”, lo que el espectador recibe es un destello de imaginación, colores, locaciones, vestuarios, personajes y una historia de locura contada en tercera dimensión (lo que la hace aún más fascinante). Lo que podría haber sido una versión ya “machacada” de la misma historia de siempre resulta, para mí, en una pieza de arte gráfico. Es como si una pintura surrealista, salida tal vez de un cuadro de Dalí, tomara vida.
Es una historia contada con la mas alta tecnología pero que en el fondo recurre a lo único que no puede conseguirse ni con los computadores más avanzados: nuestra imaginación. La “Alicia” de Burton nos regresa a un mundo maravilloso, surreal, en el que, al menos por dos horas, volvemos de visita a esa tierra encantada que nunca debimos abandonar cuando nos volvimos adultos.
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